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Calu cuenta su verdad - Revista Hola

Calu cuenta su verdad - Revista Hola

Visto desde afuera, todo era perfecto. En 2012, Calu Rivero (30) protagonizaba –por primera vez– una telenovela en el prime time de un canal líder. Y su trabajo era un éxito. Junto a Juan Darthés (53), su pareja en la ficción, habían logrado que el público los aclamara por sus personajes, Natacha y Julián: se armaron club de fans, los seguidores los esperaban en la puerta para pedirles autógrafos, fotos y se convertían en tendencia de Twitter cada vez que aparecían en escena. Parecía –vale aclarar– que era el gran momento de la actriz. Pero, para Calu, la experiencia no era la del sueño cumplido, más bien se trataba de un suplicio personal. Por eso, decidió irse de Dulce amor (como se llamaba la ficción) a nueve meses de comenzar las grabaciones y cuando aún quedaban otros siete por delante. La ecuación no daba para los que no conocían la historia: joven, bella, trabajaba de lo que más amaba, tenía rating en una industria audiovisual en la que sólo importan los números y era querida por los televidentes. Enseguida la prensa y el público se preguntaron por qué. Los rumores de “mal-entendidos” con Darthés comenzaron a hacerse cada vez más fuertes. Pero Calu, mordiéndose los labios, decidió aplacarlos. Quedó ahí. Dijo que se tomaba “vacaciones” y no volvió más.

Prueba de su tormento, cinco años después, en una entrevista radial, se animó a exponer lo sufrido. “A mí nadie me lo tiene que contar, yo lo  viví en carne propia”, expresó minutos después de que la periodista Catalina Dlugi profundizara sobre la investigación que encaró el New York

Times con denuncias de abuso –con treinta testimonios– contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein. Y entonces, en ese minuto, Calu destapó su “secreto”, ese que les había contado sólo a sus íntimos, lo que habló una y otra vez con su terapeuta durante los últimos años. “A veces podés tener más pensado todo pero, en ese momento, algo dentro de mi cuerpo me empujó a que lo dijera. A los dos días, recibí una carta documento de esta persona [por Juan Darthés] citándome a una mediación”, dice mientras mira por la ventana de su departamento de Manhattan, donde vive desde abril del año pasado.

Habla con ¡Hola! Argentina vía FaceTime, lo hace con la voz calma, con la necesidad de contar su verdad. No quiere irse del foco –“quiero que se entienda por qué doy esta nota”– y lo deja claro con cada respuesta. Tiene ganas de decir lo que pasó, que todos lo lean. Especialmente las mujeres.  La charla, que durará más de una hora, sigue: “Darthés te envió una citación a mediación pero ¿lo habías nombrado en aquella entrevista radial?”. Sin pausa, responde: “No. Pero vuelvo a hablar de mí... Yo nunca había recibido una citación para una mediación. Era un mundo absolutamente desconocido para mí. El estómago se me tensionó y sentí miedo. Me acuerdo de estar en mi casa con mi mamá [Rita], mi papá [Guillermo] y mi hermana [Marou], mirando la carta documento sin saber por dónde empezar. Sabía que tenía que asesorarme rápido porque la citación era en cuatro días. En el medio, tenía mi regreso a Nueva York programado. Los abogados [ José D’Antona y Gustavo Papeschi del Estudio Beccar Varela] me explicaron que podía continuar con mi plan, sólo teníamos que pagar una multa de 500 pesos si no me presentaba. Pero decidí quedarme, cambié mi pasaje para encontrármelo cara a cara y que quedara claro que era yo quien decidía enfrentarlo.

 

–¿Cómo fueron las horas previas a ese encuentro?

–Es un momento que te tira muy para abajo. Recuerdo que cuando íbamos a la mediación, en el auto, con mi padre y mis abogados, se me vino encima todo lo que viví esos cinco años. Reviví la angustia que pasé pero también sentí el poder de la verdad. Con mucha emoción te digo que eso me hizo sentir más valiente y orgullosa de mí. Por eso hay que hablar, para que nadie más pase por lo que pasé y para que todas podamos ir a trabajar en paz. En el caso de las actrices, laburar pensando en nuestras escenas, en nuestra actuación. Hay que parar cuando algo te incomoda, hacerlo público y no dar un paso al costado.

–¿Pudiste, en ese momento de dolor, contener la emoción?

–Estaba muy emocionada pero también me sentí fuerte. También lo fui cuando dejé un éxito en la televisión porque me estaba haciendo muy mal. Enfrentarlo fue una decisión que tomé porque es mi lucha, me dije. Yo sé lo que pasó, sé que es verdad, no tengo miedo de eso; al mismo tiempo me angustió, pero al final, enfrentarlo fue y es una fuerza de empoderamiento absoluto. No hay nada más sanador que hablar, por eso siempre trato de dejar este mensaje. A mí me alivió mucho hacerlo. Al salir de la mediación me sentí en paz.

 

–¿Qué fue, exactamente, lo que pasó con Juan Darthés? ¿Cómo sus acciones lograron perturbarte?

–Yo estaba en mi lugar de trabajo, era mi primer protagónico, tenía 25 años, atravesaba el mejor momento de mi carrera. Allí, en un set de grabación, bajo el ojo de la cámara, empezaron sus excesos inapropiados, que no eran parte del guión. Como se hace habitualmente entre los actores, lo hablé con él, le dije que me incomodaba lo que estaba haciendo, se lo reiteré muchas veces, se lo mandé por escrito a través de mensaje directo de Twitter. Pero no cesó.

–¿Cómo siguió todo?

–Hice todos y cada uno de los pasos correspondientes. Yo les comuniqué lo que pasaba a los que, en ese entonces, eran mis representantes. También a la producción de la novela: lo dejé expresado por escrito.

–¿Qué fue lo que provocó tu silencio durante tanto tiempo?

–Me fui en silencio por pedido de la producción y también para proteger la novela. Pero siempre tuve claro que yo no había provocado esa conducta [la de su compañero]. De mis valores éticos saqué la fuerza para irme. Gracias a mi familia y a mi terapeuta encontré esa fortaleza. No podía pasar ni un día más ahí.

–Cuando te fuiste de aquella ficción, te alejaste de la actuación. ¿Temías que se repitiera la historia con otra persona?

– Poco a poco me fui alejando de la actuación. No quería que me volviera a pasar algo parecido. Inconscientemente, empecé a decir que no a muchos proyectos actorales pese a que estaba en un momento muy lindo de mi carrera, había hecho y coprotagonizado una película con Ricardo Darín y Alberto Ammann. Me marcó tanto lo que viví, tan fuerte fue, que dejé un sueño por el que había trabajado duro. Me alejé de lo que más amo hacer. Te lo digo de manera simple: actuar es de a dos, salvo que hagas un monólogo, y si no podía confiar en mi compañero, ¿qué podía hacer? Tenía que irme a otro lado. Fue horrible, una lucha conmigo misma. Me decía que no podía irme con todo lo que me había costado llegar a donde estaba. Otra parte mía sabía que estaba muy mal, que tenía que sanar y cuidar a mi niña interior. Son muchas las cosas que le pasan a una persona que sufre esto.

–Tus papás, en ese momento, vivían en Córdoba. ¿Es cierto que se instalaron en Buenos Aires para acompañarte?

Sí, ellos fueron mi contención absoluta. Por eso digo que la familia es importantísima. Pero también tenés que poder hablar, si no lo hacés tu familia no se entera. Yo lo conté y ellos me contuvieron de una manera muy hermosa, con mucho amor...

–¿La idea de convertirte en DJ “ocasional” fue para aplacar las ganas de actuar?

–Cuando no pude actuar, la música, con la que siempre tuve mucha conexión, me ayudó a sanar. Y también a estar en contacto con la gente. Tenía que vivir la vida y ganármela, necesitaba plata. Busqué una alternativa. Los DJ sets me dieron más de lo que yo esperaba. Viajé mucho por el interior y nunca olvidaré esas charlas, esos besos y abrazos del público. Fueron muy sanadores.

–Hubo una nueva denuncia contra Darthés. Se trata de una actriz llamada Anita Coacci, quien se suma a los dichos de Natalia Junco, la intérprete cordobesa que también lo acusó de sobrepasarse en escena, luego de tus dichos.

–Cuando supe sentí deseos de abrazarlas. Sé exactamente por lo que están pasando. Hay que tener mucha valentía para exponer públicamente la conducta inapropiada de un galán, padre de familia y felizmente casado. Hay que estar fuerte para lo que viene. Como me dijo mi abogado: “Casco y a aguantar las balas”.

–¿Te escribieron colegas para apoyarte?

–Sí, tantas actrices y tantos actores, directores, guionistas, maquilladores... todos y muchos lo hicieron público como María del Carmen Valenzuela y Flor [Florencia Bas]. Es tan hermoso sentirse contenida y apoyada por gente que también admirás.

–¿Qué te provoca saber que Juan Darthés sigue siendo parte de la televisión argentina?

–Claramente llegó el momento en que los productos para público infantil y juvenil hablen y reproduzcan valores positivos para las chicas.

Pero me cuesta ver ese bosque, sólo veo el árbol. ¡Yo no quiero que esto le pase a nadie más! Si te pasa, te caga [sic] la carrera, te bloquea artísticamente y te aniquila la autoestima.

–Darthés dijo que con esto buscabas promocionar un libro autobiográfico que estás preparando.

– Falta tiempo para la promoción de mi libro, recién lo estoy escribiendo. El año pasado, Editorial Planeta me contactó interesada en que escribiera un libro autobiográfico y me entusiasmé. En él voy a contar momentos hermosos de mi vida y también los horribles, que me atravesaron, como el que me tocó vivir con esta persona. Duele mucho el ataque como defensa, es de una bajeza espantosa. No necesito valerme de algo tan feo para promocionar algo tan hermoso para mí.

Con la Bandera del Feminismo

Fue de las primeras actrices argentinas en hablar de “excesos” en su lugar de trabajo. Escribió “no es no” como un pedido de clemencia.

Lo hizo a través de una carta, que publicó en sus redes sociales el 12 de diciembre pasado (en Instagram la leyeron 1.811.816 y en Twitter,

2.237.690 personas) para aplacar la agresión de extraños. Muchos la cuestionaron, no le creían ni entendían por qué salía a contarlo cinco años después. Pero hubo recompensa para Calu. Un enorme grupo se puso de su lado. La sonoridad fue, sin dudas, su mayor victoria. En esa carta, ella quería expresar su pesar pero, principalmente, sumarse a una lucha contra la violencia machista que, en nuestro país, tomó relevancia gracias al movimiento llamado Ni Una Menos, que se creó en 2015.

–¿Qué valor tiene para vos ser feminista?

–Una segunda casa, un espacio para ser, un lugar de encuentro donde empoderarnos por ser mujeres. Yo siempre luché por la igualdad de género; la igualdad en todas sus formas. Queremos igualdad en los salarios y otros miles de derechos que nos corresponden. Estamos peleando, hablando, expresándonos. Hay que seguir porque el resultado es que nos escuchan, por el gran trabajo de muchas mujeres que hace tiempo vienen hablando de feminismo y lograron muchos avances. En la sociedad hay ganas de entender y aprender, también de corregirse.

–otro tema en agenda es el aborto.

–Todo está ligado a lo mismo. Tu cuerpo, tu decisión. No hay nadie más que pueda opinar y decidir sobre vos.

–¿Te sentís una mujer fuerte?

–Hoy me siento fuerte. Hablar y visivilizar mi experiencia me empoderó. Me hace sentir una luchadora y me alivia. [Suspira].

–Participaste en la última marcha de mujeres en Estados Unidos. Estuviste en Nueva York, la ciudad con mayor convocatoria y se reclamó en favor de la igualdad de género.

–Ese día fue el más soleado que nos tocó vivir del crudo invierno. Marchar junto a esa multitud, escuchar los cánticos, sentir su energía, leer los carteles con frases que me identificaban mucho –como “Me sentí invisible por ser mujer”, “Hombres, ¡córtenla!”, “Las manos afuera”– y me empoderaron. También me encantó la diversidad: había chicos, jóvenes y ancianos. De hecho, me crucé con una señora de 97 años. Sentí que estaba toda América representada. Estaba acompañada por un amigo neoyorquino y  mientras íbamos adentrándonos me encontré a un grupo de

Time’s Up [Un colectivo de trescientas mujeres de Hollywood, integrado por actrices como Cate Blanchet, Reese Witherspoon y Uma Thurman, entre otras, invirtieron trece millones de dólares para las mujeres que sufren acoso y no puedan llevar adelante la defensa del agresor] y me quedé ahí. Ahí decidí  que voy a participar de cada marcha que se exprese a favor de las causas que yo defiendo. De hecho, cuando sea la marcha del Día de la Mujer, en Argentina, seguro que participaré.

–¿Cuáles son las causas que defendés?

–Todas las que tengan que ver con combatir el maltrato. Yo siempre luché por la igualdad entre las mujeres y los hombres, por el respeto... Y contra la violencia en cualquiera de sus formas, hasta en un comentario negativo. Ante eso llevo la bandera.

–Se escuchan cada vez más denuncias de mujeres que sufrieron abusos dentro del mundo del cine y la televisión. ¿Qué creés que sucedió para que, por fin, las víctimas se animen a hablar?

–Para mí es muy simple, las mujeres estamos hablando porque ahora hay una nueva era, hay escucha y porque finalmente podemos hacerlo, está el lugar. El otro día leí que el noventa y cuatro por ciento de las mujeres en Hollywood sufrió algún tipo de acoso sexual en el ámbito laboral. Y el setenta y cinco por ciento padeció comentarios sexuales no deseados... Dicen que la mayoría empiezan con chistes y bromas. Por eso digo que se terminó.

–Entre tantas historias escalofriantes, ¿cuál fue el caso que más te sensibilizó?

–El caso de la actriz mexicana Karla Souza me estremeció [denunció el martes pasado que a principios de su carrera un director, durante el rodaje de una película, se acercó a ella de manera indebida, durante un mes cometió “abuso total de su poder” y ella terminó accediendo a que él la besara y tocara “de formas que yo no quería” y hasta “en una de las instancias me agredió violentamente y, sí, me violó”]. Ese caso me impresionó, orque ella terminó diciendo que tuvo que ceder. Es muy triste. En el caso de Salma Hayek me impresionó con la fuerza y la tenacidad con la que resistió al productor Weinstein con tal de hacer su sueño, la película de Frida Kahlo. También lo de Gloria Carrá me emocionó mucho.

–¿Cuando escuchás este tipo de relato lográs sentirte identificada?

–Sí. Todavía cuando hablo del tema se me vienen lagunas.

–Por ahí tu cabeza quiere olvidar pero el cuerpo se resiste...

–Exactamente. Pero, para cerrar, otro caso que me resonó mucho a mí fue el de Uma Thurman. Ella estaba encarnando una mujer muy poderosa [en el film Kill Bill]. La veías en la pantalla, con sus miradas, y sentías que era la mujer con más power del mundo. Sin embargo, estaba padeciendo cada minuto del rodaje. Salvando las distancias, me sentí identificada con que yo tuve que interpretar a esa chica que buscaba el beso [por su personaje Natacha] y él, este hombre, tenía que interpretar al hombre protector que la contenía. Sentí que esos valores que tenían los personajes se los adjudicaron a las personas. Todos los casos son distintos pero a la vez, muy parecidos.

–Siendo que hace un tiempo estás trabajando en Estados Unidos, a partir de las denuncias, ¿hubo cambios en las dinámicas de trabajo?

–En Estados Unidos son radicales, tomaron medidas en todos los ámbitos. Mi agencia [The Society Management, que representa, entre otras, a

Kendall Jenner] me mandó un email diciendo que todos los representados teníamos una línea directa por si en algún momento sufrimos incomodidad o vivimos una situación extraña en alguna sesión de fotos, entrevista o lo que fuera. Acá hay mucha sensibilidad con el tema, mucha conciencia del trato, de las palabras que se usan e incluso, de parte de la agencia, hay mayor cuidado respecto de dónde se trabaja.

–¿Cuánto repercutió el contexto social en tu decisión de contar tu experiencia?

–Mucho. Los tiempos cambiaron, el mundo también. Algo que en 2012 parecía natural y que no se podía hacer nada, ahora, en 2018, es inaceptable. No sólo está cambiando la sociedad, cambia la justicia, la valoración de las pruebas y se toma la palabra de la víctima como evidencia, como en el caso de Giuliana Peralta [la joven que acusó de violación al futbolista Aléxis Zárate]. Estamos viviendo la revolución de la mujer, ¡¡es imparable!!

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