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Calu Rivero - Revista VIVA

Calu Rivero - Revista VIVA

Entrevistada por Victoria De Mase

Ligera es la nevisca, pero en una ciudad geométrica como ésta, el frío corta sin piedad. El SoHo, en Nueva York, es así: edificios de seis pisos, con frentes planos salvo por las escaleras de fire escape, estaciones de bicis promocionadas por un banco, galerías de arte, locales de ropa cara y extravagante, gastronomía para sibaritas.

En la tarde del jueves 8 de febrero el aire es un solo hielo. Hago tiempo en la esquina a que den las cinco para tocar el timbre del departamento. Entonces la distingo. Calu Rivero camina por la vereda de West Broadway tan leve, sin peso. Apenas un buzo, calzas, zapatillas y gorro de lana. Va de negro, invisible. Saca las llaves de una bolsa, las mete en la cerradura, abre la puerta con fuerza.

Me dijeron que tiene ganas de hablar, que la angustia empieza a despejarse, que igual tiene ciertos miedos. Para esta entrevista hubo una serie de acuerdos pautados y repautados durante semanas. Tengo una hora a grabador encendido. Luego, por mail, responderá varias preguntas sobre su salida repentina de la tira que la popularizó, siempre en copia con su madre y representante, Rita.

Me acerco al portero electrico, sé que alguien me ve por el visor. Una alarma me habilita la entrada. Al final del pasillo, el ascensor. Y enseguida anochece.

~~“Calú” era el personaje de la novela chilena Tic Tac que Carla Soledad Rivero Martínez veía junto a su hermana, las dos hipnotizadas frente al televisor. Calú devino Calu, y como Calu se hizo firma y marca. Nació en Recreo, un pueblito de Catamarca, el resumen del desierto, el calor, la lluvia esporádica pero inclemente. Fueron mañanas de pies en el barro y siestas en la cama grande con la abuela. Las tardes eran un mash up que cruzaba el trino de los pájaros y la radio del abuelo sintonizada en AM.
Cuando cumplió los seis años, su familia se mudó a Río Cuarto, Córdoba, y años después a la capital de esa provincia. La adolescencia descubrió a Calu frente a la máquina de coser que le habían regalado para sus Quince. En la Navidad de aquel año, 2002, lució un vestido confeccionado por ella misma. Era un strapless negro, a la rodilla, con apliques en plástico y mariposas de tela. Un espanto hecho con pasión pero con el que aprendió a “chequear miradas”. Una forma de registrar qué efecto causaba su presencia en los demás.
Cursó Arte Dramático en la Universidad Nacional de Córdoba y, a los 20, decidió probar suerte en Buenos Aires. Tomaba el 39 y contaba siete paradas desde el lugar en el que vivía hasta la escuela de teatro de Norman Briski. Calu asomaba entre el histrionismo y la belleza criolla. En 2006 consiguió papelitos en las tiras Son de Fierro y Lalola. Ese mismo año encarnó a la más linda –y la más mala– de las Divinas en Patito Feo. Entonces el boom y el vértigo. La nena de Catamarca se había convertido en una flecha.

Dos golpes a la puerta de madera, el quejido alegre de la perra y Rita, madre y representante de Calu, que ofrece su bienvenida. Lleva lentes anaranjados y el cabello largo, lacio y canoso: una bruja buena. Nos abrazamos, hemos hablado tanto. Liona, la perrita, hace su gracia. No sabe si ladrar, si lamer, si echarse... En un rato ocupará su camastro y se entregará a un sueño profundo. Sabemos que está porque ronca. Y cuánto.
El living del departamento de Calu es un rectángulo blanco, con dos ventanas verticales que dan a la avenida. Plantas de hojas generosas en un rincón, una cámara de fotos pequeña en su trípode, un sillón de tres cuerpos cubierto en lino. La bici contra la pared. Sobre la mesa ratona hay una edición Taschen de Egon Schiele, pintor y grabador austríaco, fallecido hace cien años. Ayer los gobiernos de Alemania y Reino Unido rechazaron empapelar espacios públicos con su obra. Argumentan que es “pornográfica”. Sólo dos lámparas alumbran el espacio. Una es la bombita que pendula sobre el desayunador que separa a la cocina del resto del ambiente. Huele a sándalo.
Rita prepara un mate con la yerba encargada vía Amazon y Calu sale de una de las habitaciones. Primero es la sonrisa –una cortinablack out– y después son los ojos o la corona de las cejas, o serán los hoyuelos, acaso su rostro todo. El suyo es un encanto dinámico. No importa el gesto ni la pose, tiene “eso”. El mate va y viene y nosotras charlamos: que qué frío, que ayer nevó, que Liona qué bonita, que cuántos años tengo. Nos reímos, nos tanteamos. Restablecemos los acuerdos, hacemos unos nuevos, esperamos la aprobación de Rita.
–Bueno –dice, al fin–. ¿De qué querés hablar?
Patito Feo la instaló en el público adolescente, pero esa silueta despuntaba y Calu Rivero empezó a copar otros nichos. Se subió al éxito que había tenido Casi Angeles en la primera temporada y, en 2008, le puso piel a Juliette, otra vez la mala de la serie. Al año siguiente actuó en Champs 12. Adivinen. Sí: calculadora, pretenciosa y bien vestida. Con el papel en Alguien que me quiera, en 2010, la nominaron al Martín Fierro en Revelación. Fue furor en El Elegido (oh, aquella escena del aceite de oliva, con Ludovico Di Santo, partenaire en la ficción). Su participación en el videoclip Please Me, un tema de Poncho, a mediados de 2011, la reforzó en el imaginario como chica cool. Hizo cine por primera vez con Tesis sobre un homicidio.
Y llegó 2012 y un coprotagónico en la novela Dulce Amor, emitida por Telefe. Calu ya no era un flecha si no un meteorito. Tenía brillo, estilo y una carrera corta pero prominente. Y para eso se había preparado. Hizo, por ejemplo, un curso para sacudirse la tonada cordobesa que la habría condenado a ser, en los guiones, la eterna “prima del interior”.
Pero: Dulce Amor. Sostuvo su papel tres meses y se fue de viaje. Dejó la tira en el pico de su éxito profesional, cuando la gente se bajaba del colectivo para saludarla si la veía en la calle. Quique Estevanez, productor, dijo que hubo una pelea entre ella y su compañero, Juan Darthés. Los medios especularon y a partir de entonces la pregunta se repitió en cada nota: “¿Por qué te fuiste de Dulce Amor?”. Calu Rivero ensayó respuestas. En realidad calló cinco años.
¿Qué tal Nueva York?
Venía pasando temporadas largas pero en agosto alquilé este departamento y empecé a armarlo, así que puedo decir que ya estoy instalada, pero en adaptación. El ritmo te lleva. Hay tanto para hacer que el tiempo no alcanza. Tenés que tener objetivos claros porque sino terminás haciendo cualquier cosa. A veces fluyo, me dejo llevar por la ciudad, me gusta.Pero trato de registrar adónde va mi deseo.
¿Y cuál es tu deseo?
¿Leíste Biografía del hambre? Es de Amélie Nothomb... ¡Tenés que leerlo! Mi deseo está vinculado al hambre de la que habla Nothomb, el hambre de querer más, hambre de desafíos. De experimentar, de absorber conocimiento. Yo, por ejemplo, cada mañana leo el diario para aprender dos, tres palabras más y perfeccionar mi inglés. Tengo hambre de palabras, hambre de expandirme en lo actoral. Cuando no estoy conectada a mi deseo, a mi hambre, mi luz no está.
¿Cómo es tu rutina acá?
Este año estoy más organizada, pero mis días nunca son iguales. Me levanto temprano, preparo el mate, chequeo mails... Voy a mi clase de danza o a entrenarme. Hago castings, workshops, estudio, voy a eventos, a museos, veo horas de películas. Trabajo para las firmas que me contratan y viajo, viajo bastante, porque el mundo, la diversidad del mundo, me fascina. Armo las listas para mis DJ sets. Hay días de producciones de fotos, de notas, de pensar proyectos. Todo en función de mi ser actoral, de abrirme a otros mercados, de expandirme.
A la Argentina llegás como un eco: alguna prenda que uses, una declaración, una foto en Instagram...
Es que se conoce lo que decido mostrar en las redes y la mayoría es trabajo. Y después, los medios. Con eso armás, más o menos, una Calu. Que haya decidido no usar WhatsApp, que me ponga un look, o suba alguna foto recién levantada... Y, sí, prefiero el mail, la moda me divierte y el make up me encanta para una producción, pero más me gusta vivir sin maquillaje, ver cómo pasa el tiempo. No hay puestas en escena, no hay doble discurso. Mi magia es la verdad.
¿Hay verdad en el mundo fashion?
Anoche fui a un evento. Esperá, te muestro, mirá, @iconaccidental, 400 mil seguidores en Instagram. Es Lyn Slater. Tiene 63 años. Hay un mercado que la ama, usa Gucci, trabaja para marcas de cosmética. Están cambiando muchas cosas y eso está buenísimo. Hay una tendencia hacia el “no género” y también a la “no edad”. Acá, en New York, hay tanta diversidad que la belleza está puesta en la actitud, en la personalidad.
Calu está guardada en un buzo XXL color crema. Rita avisa que pronto serán las siete, que Calu debe prepararse para pasar música en uno de los eventos del New York Fashion Week. Esta noche hará un set relajado de música africana. No ha preparado la lista pero sabe qué ponerse: un pantalón y un top estampados, obra de un diseñador australiano que vio su cuenta en Instagramy quiso enviarle un equipo de su autoría. Llegó por correo en apenas dos días.
Te volviste una mujer versátil.
Soy actriz. Estuve tres años sin poder actuar. Las ganas estaban, pero no podía hacerlo. Estuve muy mal y... bueno, mejor nos escribimos por mail, ¿no?
La primera escala después de dejar la tira Dulce Amor fue esta ciudad, Nueva York. Después Calu viajó, mucho. Visitó Río de Janeiro, Dubai y Moscú, contratada por Carolina Herrera. Por trabajo o placer pisó Tokio, París, Madrid, Milán, Londres, Berlín. En 2016 hizo la campaña de Stella McCartney. Al año siguiente Nike la eligió como representante global de la marca, Nina Ricci la llevó a Francia y posó para Marc Jacobs. La fotografiaron cinco veces para Vogue. Fue embajadora de Benetton, anfitriona de Chanel Alta Costura. La empresa de management The Society y The Untitled la tienen en su staff.
Pasaron tres años en los que Calu dejó de actuar. Vuelve en marzo con un papel en Sandro de América, la serie, y filmó El sonido de los tulipanes, una película. Pero el regreso actoral que la conmovió es el del corto 3:32. Lo dirigió Andrés Passoni, director de cine de 30 años, nacido en un pequeño pueblo cerca de Pergamino. El corto quedó seleccionado para la sección Short Film Corner del Festival de Cannes. Allí, Calu es Harmony, una cantante pop megafamosa que espera la “gran” entrevista, pero el periodista repite las preguntas de siempre. Y ella tomará una decisión. Toda la incomodidad, toda la angustia en tres minutos y medio.
Calu me escribe desde Haití, uno de los países más pobres del mundo. La había visto en Instagram experimentando el turismo sustentable. Ahora, en la madrugada del 20 de febrero, soy yo quien la lee con hambre. El correo cierra así: “Quiero que cada mujer que lea esta nota y haya pasado algo parecido sienta mi abrazo”.
Durante el rodaje de Dulce Amor, Calu se sintió incómoda con la actitud de su pareja en la ficción, el actor Juan Darthés: besos demasiado largos, demasiado profundos o intensos, toqueteos no correspondidos. Son situaciones que podrían investigarse en el marco de un acoso sexual. Pero han pasado cinco años y para la Justicia prescribió.
Entonces, Calu responde.
¿Por qué decidiste contar los motivos de tu salida de Dulce Amor?
Era muy difícil avanzar en mi carrera actoral con esa herida abierta. Fue por eso que, para sanar y evolucionar, hablé. Lo hice porque por fin pude hacerlo. Me fortalecieron los años de terapia. Y gracias a que en estos últimos años, en la Argentina y en el mundo, muchas mujeres lucharon y se movilizaron, escucharon a otras mujeres que pasaron por lo mismo. Los lazos y la fortaleza de lo colectivo me permitieron tomar coraje y hablar. Conté mi experiencia para visibilizar las situaciones que vivimos en nuestra sociedad. Creo que es un camino que vamos construyendo entre todas y hoy es mi aporte para que otras mujeres no pasen por lo mismo que yo pasé. Para que otras se empoderen y esas otras empoderen a otras. Y que todas seamos un poquito más libres.
¿Cómo reconociste esa serie de excesos mientras grababan la tira?
Como dos actores profesionales, acordamos cómo sería el primer beso y cada escena. Pero en un momento, la cosa se empezó a torcer. Recuerdo claramente el momento en que me dije: “Esto no esta bién, esto estuvo de más”. Le pedí que dejara de hacerlo, le pedí por favor. En persona, por DM (N.de la R.: mensaje directo) en Twitter, insistí. No sólo no me escuchó, sino que me respondía “Tenés razón” y volvía a hacerlo. Que lo hiciera en un set de grabación fue para mí más confuso. Todo se mezclaba. Yo me decía: “Calu, aguantá, éste es tu sueño, trabajaste mucho mucho para llegar acá, tu primer protagónico, es tuyo no lo dejes, a la tira le va espectacular, a la gente le encanta Natacha”. Viví meses de mucha angustia.
¿Y qué hiciste para no dejar la tira?
Comencé terapia, le pedí a mis padres que se mudaran a Buenos Aires y de repente ellos dejaron su vida en Córdoba, sus amigos, su trabajo, algo que tal vez nunca hubieran hecho. La familia y la terapia me fortalecieron y finalmente decidí dejar la novela en su momento de mayor éxito y también el mío. Mi entrega fue enorme y por eso me lastimó tanto (y te lo digo con el corazón estrujado), me sentí desamparada.
¿Cómo transitaste el después?
Irme callada y que se diga que me fui a aprender inglés porque estaba pautado... Nunca estuvo pautado ningún viaje de estudio. Yo me fui por los hechos inapropiados de este hombre. Sentí rabia, y a veces una inmensa tristeza.
¿Por qué dejaste de actuar?
Empecé inconscientemente a rechazar películas y tiras. Creo que porque no querés hacer nada que pueda volver a exponerte a una situación parecida y te alejás. Dije "no" a tapas y entrevistas de revistas, dejé de ir a estrenos o eventos relacionados a lo actoral porque me abrumaba la idea de que la prensa me preguntara qué había pasado, si ya no era más actriz, si ahora era modelo. Después vinieron los misóginos y dañinos informes de Bendita TV o Pettinato en sus columnas preguntando de qué vivo. Dejé que se hablara de mí y los medios construyeron un personaje que no soy.

¿Te sentiste acompañada por el elenco y los productores?
Tuve y tengo el apoyo de casi todos mis compañeros. ¿Quique Estevanez ? Difícil de entender… ¿Será generacional? En 2012 era otro el escenario, no estábamos preparados para hablar de estos temas. En aquel momento, situaciones como las que yo viví eran prácticas habituales, no sólo en la Argentina, pasaba en el mundo. Pero eso está cambiando: estamos aprendiendo, escuchándonos...Hay leyes que podemos mejorar para que delitos como estos no prescriban. Las mujeres ya no esperamos más. A la igualdad la construimos, día a día, cada una desde su lugar.
¿Cómo te acomodaste a ese nuevo escenario, en otro país?
Me reinventé como DJ porque tengo que trabajar para vivir.Encontré un lugar en el fashion. Viajé: huyendo, conociendo, trabajando y creando. Y junto a mi madre escribí una película.
¿Hay algo de culpa?
Tuve el valor de dejar un éxito, el de contarlo ahora, pero no tuve el valor de frenar todo ante el primer exceso y decir “¡Basta!”, defenderme y hacerlo público. Pero ya me perdoné por eso.
¿Qué significa #NOesNO?
Que las mujeres no tengamos miedo a decir “no”. Que nos respeten cuando decimos “no”. Es nuestra decisión.

https://www.clarin.com/viva/calu-rivero-valor-decir-basta-perdone_0_rkf8Yn6_M.html

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